lunes, 6 de junio de 2011

Biblioteca Nacional: Historia (2ª Parte)

Con el advenimiento del régimen liberal, a partir de 1834, la Biblioteca quedó definitivamente como un establecimiento de la Nación, siendo desvinculada del Patrimonio Real para serlo de la Administración pública, como ya sucediera durante las breves experiencias liberales de 1812 y del trienio (1820-1823). En 1836 pasó a denominarse Biblioteca Nacional y siguieron aumentando sus fondos con la librería de las Cortes, la del infante Don Sebastián y los volúmenes y manuscritos de los conventos que habían sido desamortizados hasta ese momento guardados en manos de la Iglesia. Entre 1835 y 1860 se crean distintas comisiones encargadas de la especialización de los estudios de la Institución. La incautación de obras al clero durante la I República tendrá como destino la Biblioteca.

Por propia iniciativa se compraron, entre otras colecciones y obras, la librería de Juan Bohl de Faber –con más de 2.000 volúmenes-; una colección de novelas españolas que había ido recopilando Benito Maestre; los manuscritos originales de Juan Pablo Forner y Leandro Fernández de Moratín y una colección de 200 volúmenes y legajos de genealogía. También se compró una colección de medallas y monedas a José García de la Torre, además de una gran cantidad de grabados, retratos (de Cervantes, Góngora, Moreto, padre Mariana, etc.) y algunos bustos como el de Alberto Lista. Según Mesonero Romanos, a la altura de 1854 se había elaborado un índice general clasificado por materias y autores, que elevaba a nada menos que 240.000 volúmenes los fondos disponibles en la Biblioteca Nacional. También poseía una colección de 97.000 medallas y monedas que la situaban a la cabeza de Europa, contaba con una pequeña «Dacthiloteca» compuesta por piedras preciosas, camafeos y pastas vítreas, y en su gabinete de antigüedades se podían contemplar gran número de utensilios, joyas y restos arqueológicos de culturas pasadas y de diversas partes del mundo. Para su gobierno y funcionamiento contaba con una plantilla de 25 personas, compuesta por un director bibliotecario mayor, cuatro bibliotecarios de número, catorce oficiales, tres celadores y tres porteros.

El aumento constante de fondos, monedas y antigüedades, aconsejaba el traslado de la Biblioteca a un edificio más espacioso y preparado funcionalmente para este cometido. Este argumento sirvió para que en 1866 la reina Isabel II pusiera la primera piedra del futuro Palacio de la Biblioteca y Museos Nacionales en el Paseo de Recoletos, sobre parte del solar del desaparecido Convento de Agustinos Recoletos. Mientras se realizaban las obras, la Biblioteca permaneció en la Plaza de Oriente, y con objeto de ganar espacio se decidió trasladar la colección de monedas, medallas, y el gabinete de antigüedades al nuevo Museo Arqueológico, fundado el 20 de marzo de 1867 en el solar del antiguo Casino de la Reina, en la calle de Embajadores. Pero no bastando con esta medida y en vista de que en los sótanos no cabían más libros, a comienzos de la década de 1870 se tuvo que improvisar la construcción de un pabellón en un jardín contiguo a la Biblioteca. Y es que los acontecimientos políticos del sexenio revolucionario tuvieron paralizadas las obras del nuevo edificio hasta 1874. En 1892, 26 años después de su inicio, terminan las obras del denominado Palacio de Museos, Archivo y Biblioteca Nacionales en Madrid, edificio neoclásico proyectado por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón (1818–1892), y en 1896 todos los fondos ya habían sido trasladados definitivamente a su nueva sede.

Treinta años después de que se colocara la primera piedra, el 17 de marzo de 1896 la Biblioteca Nacional abría sus puertas al público en su nueva sede del Palacio de la Biblioteca y de los Museos Nacionales, donde permanece en la actualidad.

Nuevamente durante la Guerra civil española, entre 1936 y 1939, acceden a la biblioteca casi medio millón de volúmenes fruto de las distintas incautaciones.

Será en 1957 cuando se establezca el depósito legal que sustituye a la primera regulación que obligaba a los impresores a entrega un ejemplar de cada obra. Ya en 1986, la Biblioteca integrará la Hemeroteca Nacional, el Instituto Bibliográfico Hispano y el Centro del Tesoro Documental, todo como un único proyecto.

En 1991 se crea un nuevo depósito de libros en Alcalá de Henares ante la falta de espacio.

Fotos.- Biblioteca Nacional

miércoles, 25 de mayo de 2011

Biblioteca Nacional: Historia (1ª Parte)

La Biblioteca Nacional de España está situada en el número 20 del Paseo de Recoletos de Madrid, compartiendo edificio con el Museo Arqueológico Nacional. Es la principal biblioteca española, siendo el centro depositario del patrimonio bibliográfico español. Actualmente (2005) cuenta con un fondo bibliográfico de 17 millones de documentos, y tiene además una segunda sede en Alcalá de Henares.

Fue fundada con el título de Librería Real por el rey Felipe V en 1711, en la Casa del Tesoro, frontera a los Caños del Peral, y se abrió al público en marzo de 1712, con la doble función de hacer llegar el conocimiento a los ciudadanos y recoger las bibliotecas particulares de algunos nobles.

Sus primeros fondos bibliográficos fueron unas pocas colecciones que Felipe V había traído consigo desde Francia, junto a algunas colecciones que la Reina Madre guardaba en el antiguo Alcázar. La gran mayoría de las obras y los mejores volúmenes seguirían estando en manos de la Corona, en la Biblioteca Real que también mandó realizar y ordenar el mismo Rey. No obstante, por Real Cédula de 1716 se la concedió el privilegio de obtener un ejemplar de cuantos libros se editaran en España (como ahora con el depósito legal), así como se la reconocía el derecho de tanteo en las ventas de manuscritos, estampas, medallas y la adquisición de librerías particulares. Se publica la primera obra fruto del trabajo de la biblioteca en 1738 bajo el título de Bibliotheca Universal de la Polygraphia Española, realizada por Cristóbal Rodríguez. En 1761, Carlos III funda la Imprenta Real a cargo del bibliotecario mayor, liberando así a la institución de las tareas de edición y favoreciendo la multiplicación de obras. Además, se instituyó oficialmente su gobierno interior con el nombramiento de un bibliotecario mayor y otros bibliotecarios.

Los fondos de la biblioteca siguieron creciendo con la librería del cardenal Arquinto, que ordenó comprar Carlos III en Roma, y con los fondos que Carlos IV adquirió del señor Múzquiz, entonces embajador de Francia.

Durante el reinado de José I Bonaparte (1808-1813) y con motivo de la realización de las obras de la nueva plaza de Oriente, la Biblioteca fue trasladada a los claustros altos del Convento de la Santísima Trinidad de Religiosos Calzados, en la calle Atocha. Pero de nuevo en 1819, a petición de los frailes, fue traslada al entonces Ministerio de Marina, ubicado en la casa llamada de los Secretarios de Estado y de Despacho, también conocida como Palacio del Marqués de Grimaldi y como Palacio de Godoy, en la Plaza de la Marina Española. En 1826 Fernando VII compró unas casas en el número 4 de la Plaza de Oriente para instalar la Biblioteca y así evitar entorpecer el normal funcionamiento del Ministerio de Marina. En opinión de los críticos del siglo XIX estas casas no eran las más adecuadas para esta función, pues su insuficiencia impedía ordenar correcta y adecuadamente todos los fondos bibliográficos y dificultaba la exposición del museo de medallas y del gabinete de antigüedades que tenía la Biblioteca desde su fundación

Fotos.- Biblioteca Nacional

miércoles, 18 de mayo de 2011

Biblioteca Nacional de Madrid


BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

Una Biblioteca Nacional es aquella institución en la cual se deposita, acopia, preserva y difunde el patrimonio bibliográfico (libros, diarios, revistas, folletos, grabaciones, etc.) de un país. A diferencia de una biblioteca pública, está integrada por colecciones únicas e históricas de acceso restringido al público en general. Contiene por ejemplo primeras ediciones de obras históricas. A diferencia de un Archivo Nacional, no guarda los documentos administrativos, legales o colecciones de instituciones públicas o particulares.

Como custodio del patrimonio de una nación, en la mayoría de los casos por ley, cierta cantidad de ejemplares de las obras impresas o producidas en otros soportes al interior de un país deben ser depositados en la biblioteca nacional. Esta medida también sirve para registrar y constatar los derechos de autor.

Muchos de los documentos existentes en sus archivos están recogidos en microfilm. Para realizar copias de los documentos que están allí guardados hay que solicitar habitualmente un permiso dependiendo del documento que se trate.

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En caso de América, España y Portugal sus respectivas bibliotecas nacionales se encuentran agrupadas en la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Ibero América (ABINIA, 1989).

The European Library (La Biblioteca Europea) se destina a integrar las existencias de las bibliotecas nacionales europeas.

Fotos.- Biblioteca Nacional de Madrid

viernes, 10 de septiembre de 2010

Taller de Coches de Recoletos

TALLER DE COCHES DE RECOLETOS


Situado en el Paseo de Recoletos, sobre el solar del antiguo Convento de los Agustinos de Copacabana, desamortizado en 1836, fue construido en 1845 por cuenta de Don Mariano Carsi, y bajo la dirección del arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel.


Se trataba de un edificio de grandes dimensiones, estructurado en torno a una planta cuadrada abovedada de 68 m. de largo por 31 de ancho, y 14 de altura. Con una plantilla de unos doscientos operarios, llegaban a realizar de trescientos a cuatrocientos coches al año, utilizando para ello moderna tecnología como unas máquinas de vapor de 14 caballos.


El taller, que se incorporó en 1847 a la sociedad Collantes, Moore y Compañía, fue reconocido como el taller oficial de coches de la Casa Real.


Derribado en la década de 1860, su solar lo ocupan varias manzanas destinadas a edificios de viviendas.

martes, 10 de agosto de 2010

Merecido descanso

Hola a todos,

Un paseo por Madrid también se merece un descanso y, yo también, por eso, me he permitido tomarme unos días libres, para disfrutar y recopilar información y seguir deleitandoos con mis escritos.

Espero que en estos días de ausencia sigais visitando el blog y dejando vuestros comentarios y sugerencias, prometo volver con los bolsillos llenos de nuevos documentos y cosas de interés y con la batería a plena carga.

Os digo un hasta pronto, nos vemos en Septiembre, disfrutad del verano aquellos que podaís y a los que hayais vuelto ya de vuestras vacaciones os recomiendo que penseis en esos maravillosos días que habeis tenido.

Nos vemos a la vuelta.
Saludos.
Arwen.