jueves, 9 de octubre de 2008

Historia del Monumento a Los Caídos



HISTORIA DEL MONUMENTO A LOS CAÍDOS



El Monumento a los Caídos por España, llamado antes de 1985 Obelisco o Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, está situado en la Plaza de la Lealtad, junto al Paseo del Prado, en el mismo sitio donde el 2 de mayo de 1808, las tropas francesas al mando del general Murat fusilaron a numerosos madrileños después del Levantamiento. Fue construido en tiempos de Isabel II.


Acabada la Guerra de la Independencia, las Cortes de 1814 quisieron rendir un homenaje a todas aquellas víctimas, construyendo un monumento en su memoria. Sin embargo, con la vuelta de Fernando VII esta iniciativa quedó paralizada, y no fue hasta el 21 de abril de 1821, durante el Trienio liberal, tras varios intentos de crear un monumento en homenaje a todos los luchadores anónimos muertos en aquellos dos días, cuando se coloca la primera piedra del mismo. Las obras fueron realizadas por el arquitecto Isidro González Velázquez, ganador del primer premio de un concurso de proyectos que se había convocado para tal efecto en 1820 y resuelto al año siguiente para su materialización. De nuevo, con la restauración del absolutismo la construcción volvió a quedar paralizada hasta que en 1836 el Ayuntamiento decidió continuar la obra, quedando terminada el Dos de Mayo de 1840. Celebrándose finalmente la inauguración el 2 de mayo de 1840, coincidiendo con la efeméride del acontecimiento. El 22 de noviembre de 1985, el rey Juan Carlos I reinauguró de nuevo el monumento, pasando a dedicarse a todos los caídos por España, en cuya memoria se colocó una llama que arde permanentemente. Se homologaba así a los numerosos memoriales levantados en todo el mundo con carácter de símbolo nacional y que toman frecuentemente el nombre de Tumba del soldado desconocido.


El monumento esta compuesto por cuatro cuerpos. En la parte del zócalo se eleva un sarcófago con un medallón en bajo relieve que representa los bustos de los capitanes Luís Daoiz y Pedro Velarde, artífices de la sublevación contra los franceses en el cuartel de artillería de Monteleón situado entorno a la actual plaza del Dos de Mayo. También hay una urna que contiene las cenizas de los madrileños fusilados el 3 de Mayo. La llama siempre encendida por el aceite o el gas fabricado para tal efecto lo corona. Sobre este zócalo se colocó un obelisco de piedra de 46 metros de altura. En los cuatro frentes se colocaron estatuas que fueron realizadas en piedra de Colmenar con arreglo a los modelos que en 1823 hizo el escultor Esteban de Ágreda, y que representan a la Constancia -realizada por Francisco Elías-, el Valor –de José Tomás-, la Virtud –de Sabino Medina- y el Patriotismo –de Francisco Pérez-.


Fotos: - Monumento a Los Caídos (Plaza de La Lealtad).

Plaza de La Lealtad


PLAZA DE LA LEALTAD


Entre el Paseo del Prado y la Calle de La Lealtad, en este lugar fueron fusilados muchos madrileños el 3 de mayo de 1808, por lo que fue conocido como el Campo de la Lealtad de donde tomó su nombre la Plaza que se construyó posteriormente.

Monumento a Los Caídos Plaza de La Lealtad


MONUMENTO A LOS CAÍDOS (PLAZA DE LA LEALTAD)



Resulta curioso e increíble que la llama siempre este ardiendo, ni el viento, ni la lluvia ni ninguna inclemencia del tiempo la apaga. Eso fue lo que pensé cuando me encontré delante del conjunto escultórico que se construyó para conmemorar a los caídos en Madrid en el Levantamiento contra las tropas napoleónicas. ¿Que será lo que la haga mantenerse siempre intacta y luciendo?.


Esculturas preciosas enmarcan la piedra que lo corona. Encuadrado en una zona privilegiada no es indiferente al gentío que pasa en torno a sus cercanías. Raro es la persona que no se pare a observarlo con detenimiento y leer las placas que explican su colocación en aquel lugar.


Dios tenga en su Gloria a aquellos Héroes y descansen en Paz las cenizas que en él se haya.

Almas del Pasado

ALMAS DEL PASADO



Lleva allí casi dos siglos, y ya casi nadie repara en ella. No le da importancia, ella sigue brillando cuando la ocasión lo requiere y continúa cumpliendo con la función que le fue encomendada. Compañera, amiga, símbolo de aquellos que tan injustamente nos fueron arrebatados.


Se siente orgullosa de estar allí, iluminando con su sola presencia un lugar emblemático de Madrid, aunque tristemente menos conocida que otras plazas de esas que salen más en las postales de la ciudad; ella cree que eso se debe a que su plaza está tapada por la sombra de los árboles y los edificios, mientras que aquellas más afortunadas mostraban al aire libre todo su esplendor. Aun así, ha visto como se inclinaban ante ella personajes de la más alta importancia en la sociedad española, todo tipo de jefes de estado y militares de alto rango.


Tiene en muy alta estima a aquellos que desvían su vista de esos edificios brillantes y presuntuosos del Paseo del Prado para prestarle atención en tiempos de paz, en esos días que no es reverenciada. Le gusta que le saquen fotos y que estas hagan justicia a la grandeza del lugar en el que ella pasa día y noche, sin dormir ni descansar salvo contados días al año.


No le hace ninguna gracia el carácter político que la otorgan a ella y al obelisco a sus espaldas. Ella piensa en sí misma como un icono de carácter apatrida y de una significación universal. Pero no protestará al respecto. Primero, porque aun siendo pasional no es amiga de montar escándalos. Y segundo, porque por mucho que protestara no cree que la hicieran mucho caso. Al fin y al cabo, es solo una llama.


Por ello sigue en su sitio, en su negro pebetero. Alimentada por un prácticamente eterno suministro de gas, aunque se ve apagada de vez en cuando, que no extinguida. Durante esos momentos en los que no existe se siente en una profunda paz, pero a la vez se sabe vacía por dentro, la función por la que fue invocada en un primer momento es lo más importante para ella, y por eso sigue existiendo.


Aquellos que han caído por Madrid y por España desde tiempos inmemoriales merecen que se les dediquen los más numerosos monumentos posibles. Héroes anónimos que defendieron las vidas de compatriotas a los que ni siquiera conocían, pero por los que dieron gustosos vida y futuro.


Es por ellos que la llama seguirá iluminando el gris obelisco mientras que las buenas autoridades de Madrid sigan suministrándole alimento y cariño. Es por ellos que el Monumento a los Caídos de la Plaza de la Lealtad de Madrid seguirá recordando a los españoles el heroísmo de sus héroes, y a la vez el horror y la insensatez de la guerra.


Y así seguirá siendo, un magnífico símbolo del honor y la crueldad, de la ironía del ser humano.



Autor: Marcelino Andrade.

sábado, 4 de octubre de 2008

Primer Aniversario (5 - Octubre - 2008)


Primer Aniversario

Un paseo por Madrid esta de Fiesta esta semana. Hoy, Domingo 5 de Octubre de 2008, se cumple un año desde que escribí mis primeras letras.

Quisiera daros las gracias a todos los lectores por el seguimiento que he tenido, las palabras de ánimo y elogios que muchos de vosotros me habeis dirigido de una manera u otra. Así mismo me comprometo con vosotros, mis fieles amigos, a continuar con la labor que un día emprendí y si cabe, a dar una mayor calidad a mis narraciones sobre esta gran ciudad que es Madrid y a aquellos devotos de mis relatos seguir enganchandoos con ellos.

Para terminar esta breve entrada, reitero mi agradecimiento y mi ilusión con poder celebrar mas años juntos. Gracias y hasta pronto.

Arwen.