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jueves, 5 de marzo de 2009

Encuentros




ENCUENTROS

Estaba algo nerviosa, no quería que nada saliera mal, era su primer día. Paula ya se había encargado de darle instrucciones básicas acerca del funcionamiento de la centralita, el control de entradas y salidas, del archivo y el programa que ambas manejarían, aún así al estar las dos juntas si en cualquier momento le surgía alguna duda no habría problemas para preguntarla.

Su puesto de trabajo parecía agradable, estaban situadas a la entrada del Edificio principal tras un mostrador que apenas dejaba ver sus torsos cuando se encontraban sentadas, contaban con auriculares para responder al teléfono y así tener las manos libres para poder manejar el ordenador o escribir los recados, también debían llevar puesto el uniforme característico de la marca, consistente en un traje de falda y chaqueta color azul celeste, una blusa blanca y zapatos negros.

- Buenos días chicas, ¿Qué tal vas Alicia?. Espero que tu inserción sea lo mejor posible y los compañeros te ayuden en cualquier cosa que necesites – le daba la Bienvenida Javier.
- Buenos días. Bien, no tengo ninguna queja, yo deseo que os sea útil y cumplir bien con la labor que requiere mi puesto- respondió Alicia.

- No dudo de que lo harás perfectamente y ahora para empezar me gustaría que me hicieras un recado, se que no conoces mucho Madrid pero necesito que Paula se quede aquí y tú vayas a recoger unos papeles timbrados que hemos encargado y te entregaran en las oficinas de la Fábrica de Moneda y Timbre. Normalmente lo suelen tener en la papelería aquí cercana pero estos son especiales y los hemos mandado elaborar allí directamente, es un tema para el Estado que ya te explicaré con detalle. Coge un taxi, el taxista sabrá donde está y si no con que le digas a la calle Jorge Juan, nº 106 él ya sabrá. Cuando llegues pregunta por Tomás, dile que vas de parte nuestra y te entregará lo que necesitamos, no debes abonar nada, aún así te daré dinero para el desplazamiento y por si te piden algo.
- Muy bien, cogeré mi bolso y me marcho enseguida.

Alicia no tardó mucho en coger un taxi. Mientras se dirigía a su destino iba observando el paisaje urbano por la ventanilla del vehículo para irse familiarizando con la ciudad, algunas calles la resultaban conocidas de haber pasado por allí anteriormente con Toni y Raúl.

Tardaron poco en llegar a la entrada de la Fábrica, un edificio enorme y gris al que por otro lado entraban colegios para visitar el Museo existente en él. Alicia tuvo que pasar por los arcos de seguridad para poder acceder al edificio y a la habitación donde se hallaba Tomás, un señor que rondaría los sesenta años y que la atendió muy amablemente. Este no se retrasó mucho en darle lo que iba a buscar, ya estaba el material que tenía que llevarse preparado cuando la chica preguntó por él. Le dio las gracias y salió al exterior donde se paró a meter los documentos que le habían entregado en el portafolios de mano que llevaba.

- Vaya, vaya, ¡pero mira que tenemos por aquí!, así que aquí era donde te escondías.
- No puede ser ¿Qué haces aquí?- decía tartamudeando Alicia.
- ¿Qué que hago aquí? Eso te pregunto yo a ti, yo no he sido el que me he marchado sin decir nada, ¿qué pensabas que nunca te encontraría?, no he venido a buscarte si eso es lo que piensas, tenía negocios que tratar aquí pero mira por donde voy a matar dos pájaros de un tiro, a veces me admiró de la suerte que tengo. ¡Vamos tu te vienes conmigo!- decía Sergio forzando a la mujer a acompañarle.
- No voy contigo a ningún sitio, suéltame, no tienes ningún derecho- forcejeaba Alicia intentando soltarse.
- ¿Que no tengo derecho? Verás como si lo tengo.

Zas, pum, plas, toc, tras, ayyyyyy, noooooo, paraaaaa, Zas, pum, plas, toc, tras, todo de repente se volvió negro.

- Ya ha despertado, ha abierto los ojos, voy a buscar al médico – gritaba Paula a los que estaban en la sala de espera del Gregorio Marañón.
- Voy a entrar a verla- se levantó corriendo Raúl dirigiéndose hacia la habitación- ¿Cómo te encuentras? ¿Recuerdas algo?.
- ¿Dónde estoy?, lo último que recuerdo es salir del edificio, encontrarme con Sergio y sus manos y piernas golpeándome por todo el cuerpo mientras la gente se arremolinaba e intentaba separarle de mí- respondió Alicia con dificultad.
- Estas en el Hospital. Llevas cuatro días inconsciente de la paliza que te dio. Llamó la Policía a la empresa al ver el rotulo de nuestra marca en tu uniforme y nos avisó de lo ocurrido, nos dijeron que se lo comunicáramos a tu familia de lo cual se encargó personalmente Javier, se siente culpable de lo que te ha pasado pues él fue el que te envío allí. Vinieron en cuanto se lo dijimos, ahora están descansando en casa, tus Padres no se han separado de aquí ni un momento hasta hoy y tus tíos, Ramiro y Sofía llegarán mañana. No te preocupes por ese desgraciado, lo tienen retenido hasta que puedas declarar contra él y celebrarse un juicio- explicaba Raúl.
- No creo que sirva de mucho, en Valencia ya le puse varias denuncias por maltrato y siempre las ha incumplido y después le han soltado, por eso me vine aquí huyendo de él, pensé que se olvidaría de mi pero veo que todo ha sido en vano.
- Esta vez será distinta, hay muchos testigos, muchas personas le vieron lo que hacía y son muchos los que han declarado ya en la comisaría aportando su testimonio. Por esta ocasión ese maldito pasará algunos años entre rejas. No te fuerces, descansa, ahora no te preocupes por eso, debes recuperarte y yo me aseguraré que no se vuelva a acercar a ti. Estaré a tu lado todo lo que pueda, de ello también se encargará Javier según me ha comentado.
- Gracias a todos, no se como os voy a pagar esto que hacéis por mi, sobre todo a ti que no has dejado de apoyarme desde que me conociste- decía emocionada Alicia.
- No tienes que agradecer nada, ¿pero aún no te has dado cuenta? Alicia yo…. daría mi vida por ti, con lo que te ha ocurrido creí que te había perdido para siempre. Te aseguro que si me dejas yo te haré feliz y olvidar todo por lo que has pasado hasta ahora- confesó Raúl.
- Raúl, yo….

Mientras tanto se escuchaba un revuelo en el exterior. En ese momento el Doctor entraba en la habitación, al abrir la puerta Raúl vio lo que ocurría. Toni y el Médico estaban intentando impedir a una persona la entrada a la habitación de Alicia.

- Están prohibidas las visitas, sólo pueden verla los familiares más cercanos- decía el Doctor.
- Es mejor que te marches, necesita descansar- alegaba Toni.
- ¿Qué sucede? ¿qué pasa?- preguntaba Alicia.
- Tranquila, ahora vuelvo, no te preocupes- respondió Raúl.
- Si sólo pueden verla los familiares ¿ese que hace ahí dentro?- inquirió la persona del exterior.

Autor: Raquel Sánchez.

jueves, 19 de febrero de 2009

Relevo Generacional


RELEVO GENERACIONAL

Llegó a Barajas desde el aeropuerto de Heathrow sobre las 13:20 hora española.

Le dio mucha rabia llegar tan tarde, al fin y al cabo no le quedaba demasiado tiempo. Mañana a las 10:00 tenía que coger otro vuelo hacia Sevilla, y eso le dejaba solo unas horas para volver a reencontrarse con la ciudad que le había acogido hacía tanto tiempo. Y a su edad, su ritmo no era el de antaño.

Poco podría entonces visitar de Madrid, la ciudad que fue su hogar durante tantos años. Mientras tomaba el largo pasillo de trasbordo entre las líneas 8 y 6 en Nuevos Ministerios, se dio cuenta de que todo había cambiado, y que la poca tranquilidad que hacía apenas quince o dieciséis años se apreciaba ya había desaparecido casi por completo.

Bueno, no es que se diferenciara mucho del Londres actual, pero después de tirarse en Southampton todo este tiempo el ajetreo le era ya algo casi desconocido.

Le venían muy bien estas vacaciones; aunque estaba muy a gusto como preparador físico en el equipo inglés de baloncesto Solent Stars, deseaba perder un poco de vista cosas como el clima y la comida. Por fin, al subir las escaleras de la estación de Goya, llegó al que era su primer destino: el Palacio de los Deportes.

Llevaba mucho tiempo sin saber de él y, aunque había escuchado que el Palacio que él había conocido se incineró allá por el año 2000 o 2001, no estaba muy seguro, suponía que se habían limitado a reconstruir el original, pero nada más lejos de la realidad. Este nuevo edificio era enorme, o bien él había menguado o le parecía realmente gigantesco, como un gran trasatlántico atracado al final de la Plaza de Felipe II. Siendo un Lunes a mediodía no creía poder entrar, pero aun así se acercó a observar el edificio desde abajo. Efectivamente era increíblemente grande, sobre todo visto desde abajo.

Estando cerca de la puerta vio como venían unos chicos vestidos con chándal de color naranja y azul, y con bolsas de deporte. Se acercaron hasta donde él estaba y uno de ellos le preguntó:

- Disculpe, ¿es usted el vigilante de esto?

- ¿Eh? No, que va. Yo solía ejercer mi oficio por aquí, pero no pertenezco al personal de aquí.

- ¿Qué trabajaba aquí? ¿Y de qué?

- En su momento fui uno de los masajistas de la Selección Española durante las finales del Campeonato Mundial de Baloncesto que acogió España allá por el 86. Estuvimos en Zaragoza y Barcelona, y luego luchamos por la 5ª plaza aquí en Madrid.

Los deportistas le miraron asombrados.

- Uf, tuvo que ser algo realmente increíble. - Le dijo el primer chico que habló con él. - Seguro que este lugar le trae muy buenos recuerdos.

- Bueno, está claro que este ya no es el edificio que conocía, pero desde luego el espíritu sigue ahí.

- Ya lo creo... Bueno, ¿le apetece verlo por dentro?

- Si, claro, pero... ¿como voy a pasar?

- Pues mire, venimos aquí desde Valencia a formar parte de un torneo benéfico, y hemos venido sin masajista, así que siempre podemos decir una pequeña mentirijilla, ¿no?

Lo cierto es que el chico era muy amable. Guapo, bastante alto y de brazos fuertes, supuso que sería uno de los aleros de su equipo.

- Pues no se hable más, vamos a intentar que nos dejen pasar.

Esperaron un rato hasta que la seguridad del Palacio les permitió la entrada, aunque el control tampoco fue especialmente riguroso, y pudieron entrar todos sin más problemas. Una vez dentro, aquello le pareció de nuevo mucho más espectacular de lo que lo recordaba. Parecía como si hubieran inflado desde dentro el antiguo Palacio, y todo fuera parecido pero más grande, le dio la impresión de ver un estadio de los de la NBA.

- Increíble, ¿verdad?

- Y tanto... Vamos, tú supongo que no lo conocerías de antes, pero ha pegado un cambio tremendo.

- Estuve cuando era chaval, en un concierto de Enrique Iglesias poco antes de que se quemara todo... Y bueno, las retransmisiones deportivas por la tele, claro.

- Si, es normal... Oye, ¿te pasa algo? Tienes como un tic en el ojo...

- N... no es nada, son los nervios.

- ¿Por el torneo?

- No, tranquilo... Hace poco me abandonó la novia, y no sé donde puede estar, pero ya voy superándolo...

- Nunca te traumatices por eso, hombre... No merece la pena, te lo digo yo... A propósito, me llamo Darío, ¿y tú?

- Yo me llamo Sergio... En fin, mucho gusto, y gracias por preocuparte por mí.

- Gracias a ti por permitirme entrar.

Y ambos se dieron la mano cordialmente, y mientras que Darío seguía admirando la nueva obra, Sergio y su equipo bajaban a los vestuarios; dentro de poco llegarían los demás y querían estar preparados. Y a Sergio le costaba cada vez más controlar sus nervios, demasiada presión desde todos los ángulos...

Autor: Marcelino Andrade.

domingo, 25 de enero de 2009

Tregua


TREGUA



Después de la escena que habían ofrecido ambos tanto Alicia como Raúl estaban consternados. Alicia se encerró en la habitación llorando, tiró la ropa que había adquirido con Maximo en la silla del escritorio y se abalanzó sobre la cama. Las lágrimas brotaban por su rostro sin consuelo.

- ¿Pero que estará pensando sobre mi?, yo no he hecho nada malo, ¿Por qué me recrimina así? ¿Qué le pasa? Parece como si estuviera celoso, por lo que puedo deducir le ha molestado que me fuera con Maximo y no me quedara con ellos el resto de la sobremesa. ¿Qué hago ahora?- se repetía Alicia.

Raúl se había ido furioso a la suya, Toni intentó en varias ocasiones entrar a hablar con él pero desde dentro le grito que le dejara que no quería ver a nadie, incluso se cerró por dentro cosa que nunca hacia al no ser que estuviera acompañado y quisiera algo de mayor intimidad. Toni empezó a elucubrar si aquella noche que había estado en casa de su hermana había provocado que ocurriera algo entre aquella pareja de dos y por eso ahora estaban así, era la única explicación que tenía todo aquel atolladero.

Al día siguiente la casa estaba muy tranquila, no se oía nada, Toni estaba extrañado normalmente desde su cuarto escuchaba la música que Raúl solía poner todas las mañanas al despertarse mientras hacia algo de gimnasia y ahora no sonaba nada. Salió del dormitorio y vio la puerta del de Raúl totalmente abierta, no había nadie dentro, fue hasta el de Alicia y llamó para ver si había alguien dentro. Esta le respondió que enseguida saldría y desayunarían juntos. Ella estaba colocando la ropa dentro del armario de la cual cayó una tarjeta con el teléfono de Maximo de uno de los bolsillos que recogió y escondió en uno de los cajones de la mesilla. Al entrar en la cocina Toni se encontró una nota escrita a mano colocada sobre la puerta de la nevera, era de Raúl, le había llamado Javier diciendo que lamentablemente debían suspender sus días de vacaciones temporales que habían surgido problemas en la empresa y tenía que disponer de los dos, Raúl se iría adelantando y disculparía a Toni ante este diciendo que no le había podido localizar pero que en cuanto leyera su mensaje se presentara en la oficina. Toni explicó a Alicia lo sucedido y se disculpó por tenerla que dejar sola y no cumplir lo que le habían prometido, ella entendiendo la situación le dijo que no importaba que así podría descansar de estos días tan ajetreados y decorar la habitación a su gusto.

La semana fue pasando y la muchacha no coincidió con ningún de sus compañeros el resto de los días, no sabía si habrían estado por allí estos días pues según dejaba las cosas así se las encontraba al día siguiente. Mientras tanto ella había estado ocupada comprando algunas plantas y figuras que adornaran la estancia en la que iba a pasar la mayor parte del tiempo, así como haciendo la colada de cortinas, sabanas y edredón de la cama, ahora estaba todo más acogedor, con un buen toque femenino y de color, parecía otra cosa, reflejaba vida y alegría. De repente sonó el teléfono.

- Alicia, soy Toni, ¿Qué tal estos días?, te hemos dejado un poquito descuidada.

- Hola, no te preocupes, me teníais preocupada no he vuelto a saber de vosotros desde el miércoles y estamos hoy a sábado ya, os he dejado varios recados en la empresa y no me habéis contestado a ninguno, ya pensaba que os habíais olvidado de mí. Todo bien por aquí, no he parado, ya me conozco algo de los alrededores de la casa, al menos en lo que se refiere a tiendas.

- Por eso te llamo, estamos bien los dos, esta tarde pasaré a buscarte sobre las 6 así que ponte guapa aunque mucho no te hace falta porque tu ya lo eres, nos vamos de cumpleaños, hoy conocerás al resto de la pandilla, es el cumple de Pablo. Luego te veo. Besos.

- De acuerdo, hasta luego.

A las 6 en punto estaba ya Toni llamando al telefonillo, cuando Alicia bajó esperaba encontrarse allí también a Raúl, estaba un poco nerviosa por la actitud que tendría este al volver a verla pero no fue así, no estaba. De camino, en el coche, Toni la contó que primero irían a un karting que habían colocado en la Plaza de Dalí con motivo de la exposición de Formula 1 de Fernando Alonso que estaban realizando en la misma plaza, después irían todos a cenar y por último a tomar alguna copa por los pubs madrileños, al fin Alicia conocería la marcha madrileña. Al llegar al Karting ya estaban todos esperándoles incluido Raúl, recibieron a la muchacha con los brazos abiertos, todos excepto Raúl que ni siquiera le dirigió una mirada, parecía un miembro más. Toni y Pablo no se apartaban de su lado en ningún momento, ambos chicos se pelearon para montar con ella en uno de los coches, explicarla los detalles de la exposición y agradarla durante la cena. Alicia nunca se había reído tanto, todos bromeaban de la atención que ambos chicos la estaban brindando incluso las chicas la picaban haciendo que estaban celosas de tal actitud. Raúl por su parte era todo lo contrario no se acercaba a ella en ningún momento aunque la observaba desde lejos, parecía que todo el rencor de aquella noche aún seguía vivo y difícilmente desaparecería.

Alicia estaba disfrutando como una niña pequeña. Decidieron ir a la zona de Huertas a terminar de celebrar el festejo, era una zona llena de sitios de marcha según le habían contado donde sin necesidad de coger los coches podrían intercambiar de sitio fácilmente. Al llegar a uno de los pubs la gente comenzó a dispersarse, haciéndose pequeños grupos. Toni fue a por unas copas para él y para ella.

- Pensaba que nunca te iban a dejar sola – le dijo una voz por detrás.

- Tampoco es tan difícil acercarse a mi- respondió Alicia al reconocer la voz de Raúl.

Toni al volver al lugar donde había dejado a Alicia y darse cuenta que por fin, su amigo tan testarudo, se había aproximado a ella para aclarar las cosas como le había estado aconsejando durante toda la semana, fue en busca del resto del grupo y les dejó hablar a solas.

- Me he comportado como un crío contigo, no debí hablarte así el otro día, no tengo ningún derecho y menos a actuar así durante el día de hoy, entiendo que estés enfadada conmigo, eres libre y puedes proceder según creas, yo no soy nadie para juzgarte, me he comportado como un egoísta- intentaba justificarse Raúl.

- La verdad es que no entiendo porque estas así conmigo, únicamente traté de ser amable con tus clientes y lo que viste del beso con Maximo….

- No sigas, no hace falta que me des explicaciones – la cortó Raúl - Maximo es un hombre soltero, tiene fama de mujeriego aunque es muy selectivo y no elige a cualquier mujer para que le acompañe, en la empresa ya ha habido varias que han intentado cazarle y hasta ahora nadie lo ha conseguido, quizás haya puesto sus ojos en ti. Tendrás ocasión de comprobarlo pues suele venir muy a menudo a la empresa, es uno de nuestros mejores clientes.

- Pero es que puede que yo no fije los míos en él, puede que a mí él no me interese- respondió Alicia mirando fijamente a los ojos de Raúl.

- ¿Y quién te interesa a ti?- intentó averiguar Raúl.

Volvió a crearse el mismo silencio que aquella vez que estaban en casa, la situación se repetía aunque esta vez el sitio era diferente y estaban rodeados de gente. Raúl se acercó despacio a Alicia, la cogió de las manos y…

- Hola chicos, ¿Qué hacéis aquí tan solitos? La fiesta está por allí, os estáis perdiendo lo mejor, ¡mirad a Toni donde está!, no me puedo creer que esté haciendo esto con lo tímido que es- era Pablo intentando llamar su atención.

Toni estaba subido en el escenario del pub con micrófono en mano, el karaoke funcionando y la voz del muchacho entonando la letra que iba pasando por la pantalla. De repente, mientras todos estaban riendo y viendo a Toni con su magnifica actuación, Alicia creyó ver algo, se quedó mirando fijamente la sombra de una persona al fondo de la sala que al igual que ellos estaba disfrutando de la canción. Sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo como si algo la avisara de un mal presagio.

- No puede ser, es imposible, será alguien que se parece a Sergio, pero la similitud es asombrosa. Estas obsesionada, estará a miles de kilómetros de aquí y no puede saber donde estoy- murmuró Alicia.

- ¿Decías algo?-pregunto Raúl entre el ruido de la multitud- ¿Tienes frío? Estas pálida como un panal de cera. ¿Salimos fuera?.

- Si, por favor, hace mucho calor aquí y creo que me estoy mareando.

- Pablo, ahora volvemos, Alicia no se encuentra bien. Vamos a tomar el aire un rato.

- No os preocupéis, pero no os vayáis muy lejos y a ver que me hacéis por ahí solitos los dos- dijo a carcajadas Pablo.

Volvió a mirar al rincón de la sala, aquella persona ya no estaba. ¿Quién sería?. ¿Dónde habría ido?. ¿Sería Sergio?.



Autor: Raquel Sánchez.

Relatos Jamás Contados








domingo, 4 de enero de 2009

El Paso del Tiempo

EL PASO DEL TIEMPO

Era su último día. Tres décadas de su vida invertidas en el que Ramiro siempre reconocería como el mejor hotel de Madrid, y probablemente del de España. La verdad, no le importaba que esa afirmación fuera mentira, era lo que él sentía en su interior desde la primera vez que puso su pie en el hotel, aun en época de Franco.

Encargarse del mantenimiento del hotel siempre fue su gran pasión, aunque tenía que reconocer que en los últimos años se había quedado muy caduco con las nuevas tecnologías, por eso se jubilaba con solo sesenta años. Total, lo que le quedaba de existencia tenía pensado pasarla en el bungalow que había comprado en La Mata. Él quería un retiro lo más tranquilo posible, y Sofía tenía ganas de alejarse del a la vez infernal y divino bullicio de Madrid. Por tanto, no sería este su último día como trabajador en el Palace, sino también la última vez que lo vería con vida.

Ramiro iba paseando perdido en sus pensamientos por los sinuosos pasillos del hotel, admirando cada minucioso detalle que le confería una gran personalidad. Cada cosa en su sitio, todo en un estilo clásico bastante más decente que esos hoteles modernos que parece que fueras a entrar en una nave espacial. ¿Cómo puede dormir la gente a gusto en sitios así? No le extrañaba que se produjesen tantos casos de insomnio en los hoteles.

Estaba a punto de entrar en la cúpula cuando recibió la más cordial e hipócrita despedida de parte de uno de los nuevos directivos del hotel, uno de esos ejecutivos que piensan que ellos marcarán la diferencia y que serán considerados como un elemento imprescindible de ese o cualquier otro hotel, cuando los únicos que son realmente imprescindibles son los clientes. Le molestaba que a las nuevas generaciones les importara cada vez más mancharse las manos, y cada vez menos el ofrecer un servicio inmejorable al cliente. Era una verdadera pena.

La cúpula, el punto central del hotel. Una preciosa sala de estar con un banco central flanqueado por mesas de café de manufactura impecable con cuatro sillas o sillones escoltando a cada una de ellas, todo ello bajo la impactante bóveda de cristal, uno de los diseños más impactantes que Ramiro había llegado a ver. En esa sala, sentado en los sofás centrales, bajo la imponente lámpara, uno podía creerse en los años 20 o 30, de no ser por la cantidad de móviles y portátiles que acababan indolentemente con cualquier tipo de fantasía al respecto.

No quería irse de allí, llevaba demasiado tiempo contemplando extasiado esa cúpula como para sentirse a salvo bajo cualquier otro techo. Sabía que el tiempo en Alicante iba a ser mucho más benigno y sobre todo menos seco, pero aquí dentro no había problemas de frío o calor, y se podía disfrutar cada día de una temperatura más que agradable. Tanto él como sus compañeros se encargaban de que siguiera siendo así.

Pensó en irse a los teléfonos públicos (ya no tenía edad ni ganas suficientes como para comprarse un móvil) y llamar a Sofía, convencerla para que se quedaran en Madrid y él pudiera volver cada día a situarse bajo esa cúpula, y simular que se codeaba con las importantes personalidades que se juntaban allí diariamente. Seguro que ella comprendería que, pese a quererla más que a nada en el mundo, esto también simbolizaba un vértice de su vida.

Llegó hasta el teléfono y comenzó a marcar el número de su casa mientras a su lado pasaban dos de los chicos nuevos de mantenimiento. Buena gente, extranjeros pero muy majetes, charlando entre ellos animadamente mientras no le dirigían ni una mirada. ¿Por qué iban a mirarle si ni sabían quien era? Y de repente se sintió increíblemente viejo y fuera de lugar.

Pese a todos los esfuerzos que pudieran hacer, ni el Palace era un hogar ni podría pararse el tiempo entre sus muros. Todos hemos de pasar página alguna vez, por tarde que nos parezca.

Ignorando la voz de Sofía preguntando quien era, colgó el auricular y echo a andar hacia la puerta a buen ritmo, sin mirar atrás. Terminaría prendado de la belleza del lugar y se terminaría convirtiendo en estatua de sal si así lo hiciera.

Autor: Marcelino Andrade.

Relatos Jamás Contados








lunes, 8 de diciembre de 2008

Hipómenes y Atalanta

HIPÓMENES Y ATALANTA



Atalanta era una joven griega quien todavía no conocía el amor. Por este motivo decidió acudir a Shansira, portadora del oráculo y experta en las artes adivinatorias. Esta la había vaticinado grandes desgracias si contraía matrimonio. La doncella perdió por ello el poco interés que tenía por casarse y se dedicó a lo que más le gustaba: la caza.

Como era una mujer muy hermosa y tenía muchos pretendientes detrás suya, se le ocurrió la idea de proclamar que cualquier hombre que aspirase a desposarla debía competir con ella en una carrera. Aquel que ganara, conseguiría su mano. Al que perdiera ella misma se encargaría de darle muerte. Aunque cualquier persona en sus cabales se hubiera mantenido alejada de semejante reto, parece ser que muchos jóvenes griegos con especial despego a sus vidas buscaron suerte y encontraron el final de su lanza.


Para desgracia de Atalanta y regocijo de Shansira, uno de ellos ganó la carrera. Un joven apuesto llamado Hipomenes que durante largo tiempo estuvo enamorado de Atalanta y nunca tuvo el atrevimiento de confesárselo y vio en esta empresa una oportunidad de conseguir lo que por tanto tiempo había anhelado. El muchacho en cuestión, había pedido ayuda a Afrodita, quien le había entregado tres manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Siguiendo el consejo de la diosa, Hipomenes arrojó uno a uno los tres frutos durante la competición, provocando que Atalanta se detuviera en mitad de la carrera a recogerlos y llegara después que él a la meta. Hipomenes era listo y consiguió a su amada, pero no lo suficiente, porque se le olvidó agradecer a la diosa del Amor el favor que le había concedido.


Afrodita, que era especialmente vengativa, encendió la pasión de los dos amantes cuando pasaban junto a un templo de Cibeles, excitándolos de tal forma que no pudieron controlarse y tuvieron que satisfacer sus deseos allí mismo, delante de la Diosa. El castigo por profanar el suelo sagrado no se hizo esperar, y Zeus apareció enfurecido, los convirtió en leones y los unió al carro de la Diosa Cibeles por toda la eternidad.


Desde entonces los dos amantes permanecen juntos sin poderse tocar en la tan famosa fuente madrileña, incluso si uno alguna vez presta atención y consigue separar el ruido del trafico y la multitud que rodea al conjunto, puede escuchar a los enamorados haciéndose confesiones de amor eterno.


“Los hombros se convierten en paletillas, todo el peso se carga en el pecho y con la cola barren la superficie de la arena. En su rostro hay ira, en vez de palabras lanzan rugidos,
en vez de casas habitan la selva y, leones temibles para los demás, muerden con sus dientes domeñados los frenos de Cibeles.” (
Ovidio, Metamorfosis, Libro X. Canción de Orfeo).


Autor: Raquel Sánchez.


Relatos Jamás Contados

domingo, 16 de noviembre de 2008

La Bela Ragazza

LA BELA RAGAZZA


Raúl no podía conciliar el sueño, la situación que hace poco se había creado entre Alicia y él lo había dejado inquieto. Se encontraba cansado pero no podía dormir, una y otra vez el rostro de la mujer mirándole fijamente con los ojos enrojecidos pasaba por su mente. No podía borrarla de su cabeza.


- ¿Qué me está pasando? – se preguntaba a si mismo.


Hacia pocos meses que Cristina y él lo habían dejado. Ella había decidido marcharse a Suiza y no quiso que Raúl la acompañara, ambos hubieran tenido un puesto fijo en una filial de su empresa allí, pero Cristina era ambiciosa y nunca había querido sinceramente a Raúl. En numerosas ocasiones él pensó en casarse con ella pero Toni siempre le advertía que aquella mujer no le quería, que siempre era él el que ponía todo en esa relación y ella únicamente se estaba divirtiendo.


Todo esto lo comprobó el último día que la vio en la oficina antes de partir a su puesto de Directora de Recursos Humanos. Había ido a despedirse y a intentar que recapacitara y le dejara irse con ella, la noche antes había estado discutiendo en casa con Toni como testigo en la otra habitación y no quería que se fuera así. Al abrir la puerta de su despacho los encontró allí. Nunca se lo hubiera imaginado a pesar de que el resto de conocidos se lo había comunicado mil veces, Pedro, el Responsable de Personal, y Cristina estaban liados.


Al verle entrar poco se sorprendieron ellos, ya no tenían nada que ocultar, al fin y al cabo se iban a ir juntos y media empresa ya lo sabia excepto el novio que aún seguía ignorante de los rumores. Raúl no dijo nada, les miró y cerró la puerta tras de si, esa historia ya había acabado.


- Ella no parece ser igual, tiene algo distinto, ¡ay! Raúl tu cabecita va muy deprisa, cálmate, posiblemente haya sido el momento que te ha confundido, cálmate – se decía a sí mismo.


Alicia, en la otra habitación, oía moverse a Raúl. Ella tampoco podía dormir, los recuerdos habían vuelto a su mente y esa sensación que había sentido al estar entre sus brazos la estaba mortificando.


- ¿Y si voy a hablar con él?..., no, no, no, mejor no, ha sido todo provocado por mi cabeza, debo tranquilizarme, estoy confusa, mañana veré las cosas de otra manera, mejor será que me duerma- rumoreaba en el silencio Alicia.


A la mañana siguiente, la primera en levantarse fue Alicia, Raúl despertó cerca de las doce de la mañana, ni el ruido del teléfono de la llamada de Toni había roto su sueño y ella no quería perturbarle, le dejaría descansar y a la una como muy tarde le daría el recado de Toni, total hasta las tres tenían tiempo.


Raúl sobresaltado se despertó de golpe, un pitido en la calle le desveló. Oyó ruido en la cocina y fui allí enseguida.

- Lo siento, me he quedado dormido, hemos perdido toda la mañana, voy a darme una ducha, me visto y nos vamos, ¿Dónde está Toni? ¿No ha llegado?. Vaya y encima me has preparado el desayuno, esto no es justo, que mal anfitrión que soy- se disculpó Raúl.


- No te preocupes, dúchate tranquilamente. Toni no viene, ha llamado hace un rato, nos espera a las tres en el Hotel Ritz, me ha dicho que tú sabias ir, que era uno de los Hoteles que vimos ayer al pasar, que debíamos posponer nuestra salida de hoy pero que me llevaras contigo. El Ritz esta cerca del Palace, ¿no?- le respondió Alicia.

- ¿Al Ritz? ¿y para que quiere que vayamos allí?. Sí, esta enfrente del Palace ¿por? ¿lo conoces?- dijo extrañado Raúl.

- Por lo visto le ha llamado Javier. Dice que vienen los italianos del programa de costes que estáis llevando a cabo a hacer una revisión y que como sois vosotros los responsables, os debéis reunir con ellos porque nadie más en la empresa sabría darles explicaciones. Han quedado allí para comer, según me ha dicho Toni, él iba a pasarse a recogerlos al aeropuerto y nos espera allí. Yo le he dicho que no debía ir porque es una comida de negocios, que me quedaba aquí en casa y ya me prepararía yo algo pero ha insistido en que no falte, que no es molestia, que acabareis pronto y luego, nos vamos a ir a comprar algo para decorar mi habitación. En el Palace trabajaba mi tío aunque nunca llegué a venir a visitarle, ahora vive en Alicante explicó Alicia.

- Ah, ya, ya se quienes son, los millonarios. Y claro que no, tú te vienes con nosotros. Así te llevamos como te prometimos ayer a comer fuera y luego vamos donde tu quieras, tu eliges donde ir a comprar, me voy a la ducha. Guarda el desayuno en la nevera porque si como algo ahora luego no probaré bocado, siento haberte hecho preparar esto, prometo que me lo comeré mañana o luego. No tardo.


Mientras Raúl se duchaba, Alicia se arregló con uno de sus mejores vestidos, con el dinero que Javier le había dado por adelantado compraría algo de ropa luego y algunos complementos. Al salir de la ducha y vestirse Raúl fue en busca de Alicia a su habitación, iba vestido con un traje negro, camisa azul cielo, corbata rosa y zapatos negros de piel.


-¿Estas lista? ¿Nos vamos?.

- Si, ya estoy, cuando quieras.

- ¡Que guapa estas!- dijo Raúl boquiabierto.

-Gracias. – se sonrojó Alicia.


Se había puesto un vestido blanco de verano, que resaltaba su piel dorada por el sol de primavera, con zapatos y bolso a juego y el pelo suelto al viento, a la luz su color castaño y rizado brillaban más de lo que ya lo hacían al natural y esos ojos marrones sobresalían en belleza sobre todo el conjunto.


Al llegar al Hotel uno de los camareros del salón-restaurante les comunicó que Toni y los señores que le acompañaban ya estaban esperándoles, les llevó hasta la mesa que estos ocupaban y los tres hombres allí presentes al ver a la hermosa mujer se pusieron enseguida en pié. Toni hizo las presentaciones oportunas de la mujer a los miembros que formaban la mesa.


- Que Bela Ragazza, me encantan las mujeres españolas, que belleza oculta poseen, que magnetismo – dijo Maximo.

- Estoy de acuerdo contigo, mujeres hermosas no hay muchas como ellas en otros países- agregó Paolo.


Este comentario no fue del gusto de Raúl, cosa que Toni notó, conocía bien a su amigo y vio que iba a soltar alguna de sus famosas frases pero enseguida intervino para calmar los ánimos de su compañero ¿por qué se comportaría así por Alicia? Algo raro estaba pasando, luego a solas hablaría con él, no podían perder a aquellos clientes por una de sus groserías y la asistencia de Alicia podría jugar en su favor.


- Deberíamos pedir, seguro que todos estamos hambrientos- sugirió Toni.


El semblante de Raúl cambió, parecía que Toni había atajado el problema. Durante toda la comida estuvieron hablando de cuestiones técnicas que los italianos querían añadir al programa para que el personal de su empresa tuviera mayor facilidad de manejo y de recogida de información de la base de costes del producto que vendían, complementos de moda. Alicia quería irse familiarizando con el mundo en el que iba a entrar y prestó atención a todo lo que los hombres hablaban hasta que Maximo les interrumpió de repente.


- Discúlpenme señores pero creo que la bella señorita terminará aburriéndose de estos temas si seguimos hablando de ellos. Llevamos hablando de lo mismo desde hace casi dos horas y no es justo que con tan buena compañía y los buenos consejos que ella misma nos ha aportado no la premiemos con algo. Si no es mucho atrevimiento me gustaría acompañarla a sus compras esta tarde, según me ha dicho Toni usted acaba de llegar hace poco a Madrid y necesita adquirir vestuario, yo soy experto en moda y podría ayudarla si usted quisiera. Mi socio puede quedarse aquí con sus amigos ultimando el resto de detalles, yo luego la acercaría a casa si a ellos no les importa.


Otra vez Toni notó un impulso de rabia en Raúl, parecía ser que la idea no le gustaba nada pero es cierto que debían de seguir con Paolo pues el resto de cosas a tratar afectaban a su departamento y Maximo ya no tenía que hacer nada más allí, además Alicia se aburriría, les quedaban detalles técnicos más que nada y ahí ella ya no podría comentar nada. Aunque a Raúl no le gustara lo sugerido no les quedaba más remedio, esa tarde estarían ocupados con los negocios y no podrían atenderla y quien mejor que Maximo para aconsejarla en ropa. Iba a abrir la boca Toni pero Alicia se adelantó.


- Es usted muy amable, no creo que Toni y Raúl tengan mayor problema. Es cierto que necesito ropa y estaría encantada en que me ayudara, así yo no les estorbaría, acepto su propuesta.

- No…..-Toni le dio una patada por debajo de la mesa a Raúl cuando abrió la boca- …..vuelvas tarde quería decirte – añadió Raúl- ya sabes que para mañana tenemos planes y hay que madrugar.

- No te preocupes que te la devolveré sana y salva- respondió Maximo con una sonrisa de victoria.

- Hasta luego chicos, nos vemos en casa.

- Hasta luego- respondieron- un placer, espero volver a verla pronto- añadió Paolo.


La tarde con Maximo fue increíble, donde quisiera que fueran, en cualquier tienda le conocían y no dejo que Alicia pagara nada de su propio bolsillo, todo lo cargaba a su cuenta, quiso compensarla como regalo por su presencia en la comida e incluso la invitó a cenar, después de llevarla a ver la fuente de Cibeles que tantas ganas tenía de ver. Cerca de la madrugada Maximo la llevó a casa, hizo esperar al chófer en la puerta y la acompañó hasta el portal.


- Prometo devolverte el dinero que te has gastado conmigo, es un abuso por mi parte aceptar todo esto, así que te lo devolveré de alguna manera.

- No tienes que devolverme nada, es un regalo, aunque lo podrías compensar dejándome volver a contar con tu presencia por un día entero antes de que regrese a Italia. Regreso el Viernes. ¿Crees que te dejaran salir tus guardaespaldas? Jajá jajá. – preguntó Maximo.

- No son mis guardaespaldas, son mis amigos, me han ayudado mucho desde que llegué y simplemente se preocupan por mí. Podemos volver a coincidir en tu próxima visita, no sería correcto que dejara a Toni y Raúl solos esta semana ya que han cogido estos días por mi causa- intentó rehusar Alicia.

- Está bien como tú desees, aunque es una lastima, me hubiera gustado volverte a ver pero ya sé donde encontrarte, se donde trabajas, jajá jajá.

- Jajá jajá, cierto, bueno si no te veo que tengas buen viaje y gracias por todo. Hasta pronto.

- Hey un momento- inquirió Maximo agarrando a Alicia del bravo.

- ¿Si?….


Al volverse Alicia vio como Maximo le robaba un beso de sus labios, se quedó tan sorprendida que cuando consiguió reaccionar iba a abofetearle pero Maximo agarro su mano, parándola, y saliendo corriendo hacia el coche sin tiempo a respuesta por su parte. Alicia subió aprisa las escaleras. Abrió la puerta y se encontró a Raúl de pie apoyado en el marco de su habitación.


- Espero que te lo hayas pasado bien, ya te has buscado un nuevo amigo, al parecer le agradas bastante y le ha faltado tiempo para besarte y no se sabe que más habrás hecho con él, pensaba que eras distinta, eres igual que todas, te doy mi ayuda y me lo agradeces así, ¿también le has calentado las sab…..? - decía con rabia Raúl.


Sonó un bofetón, Toni se levantó al oír los gritos de ambos, ¿pero que les estaba pasando a estos dos? ¿Por qué peleaban? Aún no había tenido ocasión de hablar con Raúl sobre su extraño comportamiento durante la comida.


- ¿Me estabas espiando? ¿Calentado el que….? termina, ¿acaso estas celoso? Por si no te has dado cuenta ya soy mayorcita y tu no eres mi padre ni tienes ningún derecho sobre mí, déjame en paz- con estas palabras entró Alicia en su habitación y cerró la puerta de un portazo.

- ¿Pero que te pasa? ¿Por qué la hablas así?- preguntó Toni.

- Olvídame y vete a dormir- grito Raúl corriendo hacia su habitación.

- Menudo lío, ¿Quién les entiende? En fin, que lo resuelvan ellos solos, mañana será otro día, quizás deba hablar con los dos pero por separado- musitó Toni.


Autor: Raquel Sánchez.

Relatos Jamás Contados

sábado, 25 de octubre de 2008

Evocando a los Dioses

EVOCANDO A LOS DIOSES



Era una dura tarde en los talleres de Don Juan Pascual de Mena. Eran más allá de las siete, y Benito Ulla era el único ser vivo en el gran edificio lleno de humanos y animales de mármol, sin más alma que la que el propio Juan Pascual, antiguo Director General de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ya retirado desde hace varios años.


Corría el invierno del año 1783, y el tiempo se había demostrado especialmente inclemente en los últimos días. Benito simbolizaba una de las más recientes incorporaciones al grupo de escultores de Mena, aunque él no era precisamente un joven aprendiz, sino que ya llevaba quince años de experiencia a sus espaldas, en talleres menores de Toledo y Alcalá de Henares.


Ese día había nevado copiosamente en la capital de España y solo Benito, que era el que más cerca vivía de la ubicación de los talleres, había conseguido llegar hasta allí. Llevaba solo todo el día, y pensaba que más le valdría no haber ido esa mañana al taller, pero ya estaban retrasándose mucho con el encargo que los propios asistentes personales del monarca Carlos III les habían mandado elaborar, una fuente con la efigie del dios romano Neptuno, diseñada por el propio maestro arquitecto Ventura Rodríguez.


Se suponía que esta estatua tendría que haber estado en el Salón del Prado el pasado año, coincidiendo con la colocación de la fuente de la diosa Cibeles que Francisco Gutiérrez había cincelado el pasado año, pero seguramente hasta el 84 no podría estar situada en el emplazamiento indicado, frente a su compatriota y sus leones.


Pues allí se encontraba Benito iluminándose con un pequeño candil y llegando a la triste conclusión de que no iba a tener mucho más tiempo de trabajo en ese día. Casi a oscuras remataba el hocico de uno de los caballos marinos, mientras se preguntaba de que retorcida imaginación salían ese tipo de criaturas, puesto que él nunca había oído hablar de caballos con la parte posterior como si fuera la de un pez. Quizá en otros lugares, en las lejanas Filipinas, habían visto a semejantes criaturas, porque Benito en su inocencia no creía posible que nadie pudiera inventar algo tan extraño sin haberlo visto antes.


Estando allí solo todo el día, y realizando ahora mismo una tarea bastante rutinaria, poco le costaba hacer volar su mente a los dilemas que le producían ese tipo de cuestiones. ¿Por qué no usar peces, o delfines como en las fuentes de Paris? De todos modos, ¿para qué necesitaría el dios romano de las aguas un carro tirado por caballos? Las propias aguas podrían llevarlo hacia donde él quisiera, o podría ir encima de algún animal acuático, sobre una gran tortuga o algo parecido.


Además, desde el principio este encargo le dejaba perplejo. Bueno, no solo este, sino todos los del Salón del Prado. ¿Por qué tenían que reverenciar a Neptuno, o incluso a Cibeles, cuya existencia desconocía hasta el mismo momento que se enteró de la construcción de su fuente? Los españoles eran católicos cristianos desde siempre, no entendía porque no se les dedicaban esas fuentes a los santos o a los apóstoles... Vale que quisiéramos parecernos a los franceses, pero todo tiene un límite. Si ellos no querían reverenciar a los ángeles y a los santos allá ellos, pero los españoles se jactaban de ser los más devotos cristianos de Europa, con permiso del Vaticano, y no terminaba de entender este tipo de encargos. A él le gustaban más las imágenes religiosas, como el San Juan Bautista que su propio maestro esculpió para la iglesia de San Fermín de los Navarros.


Sumido en sus pensamientos, terminó casi sin darse cuenta de dar forma al equino hocico que le había llevado casi toda la tarde. Alzó el candil sobre su cabeza y contempló la pieza completa. Allí vio el rostro de Neptuno, sin ojos definidos, mirando hacia un lado, con los cabellos mecidos por el viento. Formaba una estampa regia, pese a estar casi desnudo, y Benito terminó por admitir que las figuras de la antigüedad también tenían una magnífica estampa.


Para cuando el reloj de la iglesia cercana dio las siete y media, Benito ya estaba despojándose de su mandil y abrigándose todo lo posible, con la manta de viaje sobre su chaquetón y calándose la gorra. Ahí fuera, en la oscuridad, haría un frío realmente intolerable.


Autor: Marcelino Andrade.

Relatos Jamás Contados

jueves, 9 de octubre de 2008

Almas del Pasado

ALMAS DEL PASADO



Lleva allí casi dos siglos, y ya casi nadie repara en ella. No le da importancia, ella sigue brillando cuando la ocasión lo requiere y continúa cumpliendo con la función que le fue encomendada. Compañera, amiga, símbolo de aquellos que tan injustamente nos fueron arrebatados.


Se siente orgullosa de estar allí, iluminando con su sola presencia un lugar emblemático de Madrid, aunque tristemente menos conocida que otras plazas de esas que salen más en las postales de la ciudad; ella cree que eso se debe a que su plaza está tapada por la sombra de los árboles y los edificios, mientras que aquellas más afortunadas mostraban al aire libre todo su esplendor. Aun así, ha visto como se inclinaban ante ella personajes de la más alta importancia en la sociedad española, todo tipo de jefes de estado y militares de alto rango.


Tiene en muy alta estima a aquellos que desvían su vista de esos edificios brillantes y presuntuosos del Paseo del Prado para prestarle atención en tiempos de paz, en esos días que no es reverenciada. Le gusta que le saquen fotos y que estas hagan justicia a la grandeza del lugar en el que ella pasa día y noche, sin dormir ni descansar salvo contados días al año.


No le hace ninguna gracia el carácter político que la otorgan a ella y al obelisco a sus espaldas. Ella piensa en sí misma como un icono de carácter apatrida y de una significación universal. Pero no protestará al respecto. Primero, porque aun siendo pasional no es amiga de montar escándalos. Y segundo, porque por mucho que protestara no cree que la hicieran mucho caso. Al fin y al cabo, es solo una llama.


Por ello sigue en su sitio, en su negro pebetero. Alimentada por un prácticamente eterno suministro de gas, aunque se ve apagada de vez en cuando, que no extinguida. Durante esos momentos en los que no existe se siente en una profunda paz, pero a la vez se sabe vacía por dentro, la función por la que fue invocada en un primer momento es lo más importante para ella, y por eso sigue existiendo.


Aquellos que han caído por Madrid y por España desde tiempos inmemoriales merecen que se les dediquen los más numerosos monumentos posibles. Héroes anónimos que defendieron las vidas de compatriotas a los que ni siquiera conocían, pero por los que dieron gustosos vida y futuro.


Es por ellos que la llama seguirá iluminando el gris obelisco mientras que las buenas autoridades de Madrid sigan suministrándole alimento y cariño. Es por ellos que el Monumento a los Caídos de la Plaza de la Lealtad de Madrid seguirá recordando a los españoles el heroísmo de sus héroes, y a la vez el horror y la insensatez de la guerra.


Y así seguirá siendo, un magnífico símbolo del honor y la crueldad, de la ironía del ser humano.



Autor: Marcelino Andrade.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Ingratos Recuerdos


INGRATOS RECUERDOS


La visita al Museo del Prado resultó extenuante para Alicia. Nunca había imaginado que aquello fuera tan enorme, suponía que sería un edificio grande pero no tanto. Habían estado tomando algo dentro de la propia cafetería – restaurante del Museo y cuando iban de regreso a casa ya por la tarde pasaron cerca de otros sitios característicos de Madrid: la Fuente de Neptuno, dos de los Hoteles más lujosos de la ciudad, Ritz y Palace, el Monumento a los Caídos en la Plaza de La Lealtad y finalmente la Fuente de Cibeles donde el Real Madrid realizaba sus celebraciones cuando ganaba las distintas copas de Fútbol según le comentó Toni, aficionado incansable de dicho equipo.


Al ir andando por el Paseo del Prado Alicia se fijó en una figura que sobresalía en una de las fachadas de la parte derecha de la calzada, era un barco realizado en hierro aparentemente que presidía una puerta con un ancla, al lado un edificio sobrio con bandera de España.


- Anda y aquello ¿que es?- preguntó curiosa.

- ¿El que?- preguntó Raúl girando la cabeza hacia donde la muchacha indicaba.

- Eso de ahí, ese edificio con aquel barco, el ancla y la bandera, ¿lo ves?.

- Ah sí, eso es el Museo Naval y el Edificio de Marina. Ahora esta cerrado, creo que los Lunes toman un descanso y sólo abren por las mañanas. Si quieres visitarlo podríamos venir otro día de esta semana. Hace años que no vengo, supongo que algo habrán cambiado, solía venir con mi padre cuando era pequeño, dentro están antiguos recuerdos de la marina española desde la época de los Reyes Católicos a la actualidad creo- respondió Raúl.

- Sí podemos venir un día de esta semana aunque no se si me gustará, no soy muy aficionada a las cosas que tienen que ver con actos bélicos o con los marineros después de mi mala experiencia con… - los ojos de Alicia se llenaron de lágrimas.

- ¿Experiencia con que o con quien? ¿Te ocurre algo? ¿Te sientes mal?- preguntaron los dos chicos al ver su reacción.

- No, no es nada, gracias muchachos, ¿nos vamos a casa? Estoy algo cansada.


Toni se despidió de ellos pues quería pasarse por casa de su hermana a ver a sus sobrinos, les comentó que probablemente se quedaría a cenar con ellos y si era muy tarde pasaría allí la noche, por la mañana temprano les llamaría para ver que habían organizado para ese día.


Cuando Raúl y Alicia llegaron a casa se tiraron en el sofá, ninguno podía moverse, decidieron que pedirían una pizza para cenar y verían alguna película de dvd, Raúl disponía de una amplia colección y no tenían ninguno mucho ánimo para salir de casa, dejarían la vida nocturna para conocerla el fin de semana.


- Tengo los pies destrozados, ha sido un día agotador pero gratificante a su vez, me lo he pasado muy bien con vosotros, sois unos chicos estupendos, me habéis acogido de una manera asombrosa, los madrileños sois muy amables y abiertos, ¿sois todos iguales?- comentó Alicia.

- Jajaja, no lo se, por el resto no te puedo hablar pero a Toni y a mí nos gusta ayudar, supongo que es lo que nos gustaría que hicieran con nosotros si estuviéramos en una situación similar a la tuya alguna vez. Me alegro de que te haya gustado, hay muchísimas cosas por ver y disfrutar de aquí, poco a poco te las iremos enseñando. Quería comentarte algo, aunque no quiero ser un entrometido, casi no sabemos nada de ti, cuéntame un poquito de donde vienes, donde vivías, en fin lo que tu creas oportuno que deba saber de ti. Sinceramente antes me has dejado preocupado, has estado a punto de llorar y quisiera saber el motivo- preguntó con cautela Raúl pues no quería que se asustara.

- A ver vayamos por partes. Tienes razón me habéis acogido aquí sin ningún tipo de explicación por mi parte y estáis en todo el derecho de querer conocer. Cuando me encontraste supongo que venía del mismo lugar que tú, de Valencia, vivía allí, en concreto de un pueblo cercano a Benidorm, supongo que lo conocerás al menos de oídas o de haber ido allí de vacaciones alguna vez. Llegue aquí para empezar desde cero, cogí el tren donde nos encontramos porque fue la primera opción que se me presentó y he venido para olvidar, ¿olvidar el que? te preguntaras, olvidar el pasado, olvidar a la gente excepto a mi familia que se quedó allí, mi vida anterior y emprender aquí una nueva, Por lo que veo no he empezado nada mal, he tenido suerte de conoceros – respondió seria.

- Alguna vez eso nos gustaría hacer a más de uno. Te admiro por ello, tienes mucho valor por haberte liado la manta a la cabeza y dejar todo atrás. Eres una mujer muy valiente. Pero ¿que es lo que provocó que te fueras? ¿Qué es lo que te ha impulsado? Valencia es una ciudad bonita, grande como Madrid, tiene que haber sido algo importante lo que te ha llevado a hacer tal acto.

- Es algo muy reciente, algo que todavía duele aquí – señalando su corazón- los hombres cuando queréis sois encantadores y otros guardan detrás de su piel de cordero un lobo. Deje todo por uno, por Sergio, un marinero que… - rompió a llorar.

- Hey, no, eso no. Para, no me cuentes más, ya me lo dirás en el momento que estés preparada y más serena y puedas ser capaz de hablar de lo que te ocurrió sin derramar una gota de tus ojos. Sólo te diré una cosa, ningún hombre se merece las lágrimas de una mujer, ninguno- la cogió Raúl entre sus brazos.


Estaba tiritando como un animal asustado cuando se ve acorralado, Raúl intentó calmarla en silencio, abrazándola, la había hecho rememorar ingratos recuerdos, sabía que algo pasaba y no había sido su intención hurgar en la herida pero tanto Toni como él en la tarde notaron que algo no debía marchar bien.


Cuando estuvo más serena, se separaron y ambos se quedaron mirándose a los ojos en silencio. Algo dentro de Raúl le impulsaba a besarla, hasta entonces no se había fijado en lo bella que era, su rostro enrojecido por el llanto la hacía parecerse a un ángel caído del cielo. Su corazón empezó a palpitar intensamente, no quería estropear el momento, ¿qué le estaba pasando?, apenas la conocía, ¿qué era aquello que sentía?.


Alicia por su parte la ocurría algo similar, había sentido una sensación extraña al encontrarse entre sus brazos, una calidez que hacía mucho no experimentaba. Quizás se estaba confundiendo, tenía falta de cariño, de atención y estos dos días había sido el centro de atención por parte de dos personas del sexo masculino al que ahora ella aborrecía, ¿sería distinto con Raúl?. No podía plantearse aquello ahora, debía preocuparse por adaptarse a su nuevo empleo y encontrar su sitio, más tarde el futuro y su destino proveerían el resto.


- Creo que es tarde, deberíamos irnos a dormir, mañana tenemos por delante un día de diversión absoluta como el de hoy, veremos cuando regrese Toni donde te llevamos esta vez aunque desde luego no será al Museo Naval, así que tranquila, ya tendrás tiempo de visitarlo en otra ocasión – sugirió Raúl intentando que la situación creada no fuera tan cortante.

- Si, estoy de acuerdo contigo, además estoy molida, creo que ya no aguantaría hoy mucho más. Que duermas bien- se despidió Alicia.

- Espera – interrumpió Raúl – ¿no me vas a dar mi beso de buenas noches?- dijo con cara picara.


Alicia se volvió sorprendida, pensaba que por la mente de Raúl estaba pasando la posibilidad de que el beso provocará una respuesta por su parte.


- Aquí tienes mimoso – dándole un beso en la mejilla- espero que no me hagas que vaya a ir arroparte a tu habitación como lo hacia tu madre cuando eras niño. Hasta mañana.

- Eso lo dejaremos para más adelante. Hasta mañana- dijo Raúl desilusionado pues su táctica no había funcionado, esperaba un beso en la comisura de los labios.


Autor: Raquel Sánchez.

Relatos Jamás Contados