lunes, 8 de octubre de 2007

Apodo de los Madrileños

APODO DE LOS MADRILEÑOS

Inmersa en mis relatos se llegó la hora de la cena y oí una voz que me decía:

- Vamos Gata, deja de escribir un rato y ven a la mesa. - gritaron.

Era la voz de mi madre, se me habían pasado las horas volando, no me acuerdo ni cuanto llevaba aquí sentada leyendo la documentación que había recogido, ni traspasando lo que yo propiamente sabía, pero algo de esa frase que acababa de escuchar llamó en mí la atención. ¿Gata? ¿desde cuando me llamaba a mi así? que yo supiera nunca lo había hecho y ¿ahora por qué lo hacía? sería porque sabía lo que estaba haciendo, pero aún así decidí preguntarla.

- Mamá, me has llamado gata, y ¿eso a que viene?. - la pregunté.
- ¿No estas escribiendo sobre Madrid?. - me respondío.
- Sí, claro, de eso escribo, pero ¿que tiene que ver que yo escriba de ese tema para que tu me llames así hoy?. - la repliqué un tanto extrañada.
- Pues muy sencillo, a los madrileños nos llaman gatos y puesto que tu narras cosas sobre la ciudad hice una ironía, ¿acaso te molestó?.
- No, para nada, solo me extraño, nada más.

Cierto, así nos llaman, pensaba mientras cenaba y ¿de donde salió ese alias que nos otorgaron? ¿por qué a los madrileños les llaman gatos ? de algun lugar y a alguien tuvo que ocurrirsele, los motes nos surgen solos, esa sería mi siguiente incursión, averiguar por qué nos llaman así.

A los madrileños se les conoce con el nombre de gatos y para saber la causa tendremos que remontarnos al siglo XI, aunque la historia empieza un poco antes.

En el año 852 Muhammad I, hijo de Abderramán II hizo construir una fortaleza amurallada en un promontorio junto al río Manzanares, utilizando grandes bloques de brillante pedernal, tenía torres cuadradas y tres puertas de acceso, se le nombró Mayrit por los árabes y Magerit por los cristianos.

Muchos fueron los intentos por conquistarla, hasta que las tropas del rey Alfonso VI se acercan a la muralla con la intención de sorprender a sus moradores cuando de repente, uno de los soldados separándose de los demás, comenzó a trepar por la muralla hincando la daga en las junturas de las piedras. Subió tan ágilmente que todos los que le contemplaba comenzaron a decir que parecía un gato. Cuando comenzó la lucha este hombre ya había llegado arriba, se dirigió corriendo al torreón de la fortaleza y cambió la bandera mora por la enseña cristiana.

Y es en memoria de esta hazaña que a todos los nacidos en Madrid se les llama “gatos”.

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